CAPITULO
15.-
Me detengo en la puerta de entrada y pulso el botón del
interfono. Por el
altavoz oigo la voz de John y saludo a la cámara con la
mano pero las
puertas ya han empezado a abrirse. Inicio el largo
recorrido por el camino
de grava que lleva hasta La Mansión. Aparco en el patio
circular y
contemplo la casa de piedra caliza que se yergue en el
centro y que parece
gritar a los cuatro vientos lo que ocurre detrás de sus
puertas.
Estaciono junto al coche de Tom y me miro en el
retrovisor. Teniendo
en cuenta los acontecimientos de las últimas horas, de
las últimas semanas,
tampoco tengo tan mal aspecto.
John me abre la puerta antes de que coja la manija y me
dedica una
sonrisa para transmitirme confianza. Sin embargo, no
consigue hacer que
me sienta mejor.
Cruzamos juntos la imponente entrada, y dejamos atrás la
escalera, el
restaurante y el bar. Oigo risas y conversaciones pero
no me molesto en
mirar. Ya lo he visto antes, sólo que ahora sé lo que
son realmente.
—¿Se ha tranquilizado? —pregunto al llegar al salón de
verano.
Hay gente en los butacones, bebiendo y charlando,
probablemente de
lo que les depara la noche. Una docena de miradas
curiosas me siguen y me
pongo tensa. ¿Habrán visto el cabreo de Tom?
—Muchacha, vuelves loco a ese hijo de perra. —John se
ríe y vuelvo
a ver el tímido diente de oro.
Suspiro. Estoy de acuerdo, pero él también me vuelve
loca a mí. ¿Se
dará cuenta John?
—Mi hombre es difícil —musito.
John me regala una de sus nada frecuentes sonrisas
arrebatadoras,
toda llena de dientes y de destellos dorados.
—¿Difícil? Bonita palabra. Yo le digo que es como un
grano en el
culo. Aunque admiro su decisión.
—¿Decisión? —Frunzo el ceño—. ¿Está decidido a ser
difícil?
John se detiene cuando llegamos frente al despacho de
Tom.
—Nunca lo había visto tan decidido a vivir.
De repente quiero volver al inicio de nuestro recorrido
para continuar
con esta conversación.
—¿Qué quieres decir? —pregunto sin poder evitar el toque
de
confusión. Esa frase me ha dejado perpleja. Yo no lo veo
en absoluto
decidido a vivir. Lo veo decidido a tener un ataque provocado
por el estrés.
Es autodestructivo.
No puedo respirar.
Es autodestructivo. Tom dijo eso mismo el día que me
llevó en moto.
¿Qué quería decir?
—Es algo bueno, créeme. —John me mira con afecto—. No
seas muy
dura con él.
—¿Hace mucho que lo conoces, John? —Quiero que siga
hablando.
—El tiempo suficiente, muchacha. Te dejo —dice, y su
cuerpo de
mastodonte se aleja por el pasillo.
—Gracias, John —añado.
—Está bien, muchacha. Está bien.
Me quedo en la puerta del despacho de Tom con la mano a
unos
milímetros de la manija. La información que me ha dado
John, aunque
vaga, ha despertado aún más mi curiosidad. ¿De verdad
era
autodestructivo? Pienso en alcohol, picoteo, ir en moto
sin protección y en
cicatrices. Empujo la manija hacia abajo y, con cuidado,
entro en su
despacho.
Me siento insultada al instante. Tom está en su enorme
sillón
mirando a Sarah, sentada en el borde de la mesa. Esa
mujer es una
sanguijuela. Me siento posesiva, y es como si recibiera
una bofetada, pero
la botella de vodka que descansa sobre la mesa es lo que
de verdad me
pone nerviosa. Puedo olvidarme de las atenciones de
féminas no deseadas
siempre que sigan siendo no deseadas. Lo del vodka es
otra historia.
Me miran a la vez y ella me sonríe. Es una sonrisa
realmente falsa.
Luego veo la bolsa de hielo en la mano de Tom. Se los ve
muy cariñosos.
No me cabe la menor duda de que estos dos han tenido una
relación
sexual. Sarah lo lleva escrito en la cara. Quiero
vomitar. Me siento
posesiva y celosa.
La intrusa atrevida no hace siquiera amago de bajar el
culo de la mesa
de Tom, sino que se queda ahí sentada, disfrutando con
la tensión que
causa su presencia. No obstante, es la botella
transparente la que supone
una amenaza. Puedo soportar a Sarah. No estoy de humor
para jueguecitos
con ex conquistas sexuales.
Miro a Tom y él me mira. Todavía lleva puestos los
pantalones gris
marengo pero se ha arremangado la camisa negra. Tiene el
pelo castaño
despeinado pero, a pesar de toda su belleza, parece
asustado e
incómodo. No lo culpo. Acabo de pillarlo en plan
cariñoso con otra y con
una botella de la sustancia del mal delante. Es el dos
por uno de mis peores
pesadillas.
Hace girar la silla con los pies, alejándose de la
intrusa y acercándose
a mí.
—¿Has bebido? —Mi voz es fuerte y serena. No me siento así.
Niega con la cabeza.
—No —responde en voz baja.
No sé si habla tan bajo por la otra mujer o por el
vodka. Deja caer la
cabeza y el silencio es incómodo. Entonces Sarah le pone
la mano en el
brazo a Tom y quiero correr hacia la mesa y arrancarle
el pelo a tirones.
Tom parpadea y me clava la mirada.
¿Quién coño se cree que es? No soy lo bastante ingenua
para tragarme
que está siendo una buena amiga.
—¿Te importa? —La miro directamente, para que quede
claro que le
estoy hablando a ella.
Me mira como si no se hubiera enterado y deja la mano en
el brazo de
Tom. De repente estoy furiosa conmigo misma por haberle
dado a otra
mujer la oportunidad de consolarlo, especialmente a esta
mujer. Ése es mi
trabajo. Tom retira el brazo y la mano de Sarah acaba
sobre el escritorio.
—¿Perdona? —masculla ella. Me cabrea aún más.
—Ya me has oído. —La miro con cara de pocos amigos y
ella sonríe;
es una sonrisa burlona y resulta casi imperceptible.
Sabe que sé lo que está
intentando hacer. Eso hará que nuestra relación sea mucho
más fácil.
Tom nos mira a una y a otra, dos mujeres enfrentándose
en su
despacho. Que Dios lo bendiga por no abrir la boca, pero
entonces la zorra
descarada se agacha y lo besa en la mejilla. Sus labios
le acarician la piel
más de lo necesario.
—Avísame si me necesitas, cielo —dice con el tono
seductor más
ridículo que he oído nunca.
Tom se tensa de pies a cabeza y me mira con los ojos muy
abiertos.
Su hermoso rostro está en alerta. Tiene motivos para
estar nervioso, y más
aún después de toda la mierda que me ha hecho tragar por
un cliente y por
un ex novio. A Matt y a Mikael tendrían que haberlos
identificado por la
ficha dental si él me hubiera pillado con ellos como yo
lo he pillado con
Sarah.
Abro la puerta del despacho de par en par y miro al
megazorrón rubio.
—Adiós, Sarah —digo en tono definitivo.
Ella me mira con sus morros carnosos, un toque de
chulería y mucho
aplomo antes de bajarse de la mesa y salir del despacho
de Tom meneando
el trasero, aunque primero me lanza una mirada asesina.
Le dedico mi
mirada especial hasta que desaparece por la puerta. En
cuanto ella y sus
plataformas de doce centímetros han cruzado el umbral,
cierro de un
portazo. Espero haberle dado en el culo.
Ahora, vamos a lidiar con mi hombre imposible. De
repente estoy
decidida a solucionar esta mierda. Después de haberlo
visto con Sarah sé
perfectamente que eso es lo que quiero.
Es mío... Y punto.
Me vuelvo para mirarlo. No se ha movido de la silla y la
botella de
vodka sigue sobre su mesa. Tom se muerde el labio
inferior. Los
engranajes echan humo.
Señalo la botella con un gesto de la cabeza.
—¿Qué hace eso ahí?
—No lo sé —responde.
Parece estar pasándolo fatal, y me da pena encontrarme
al otro lado de
la habitación.
—¿Te la quieres beber?
—Ahora que tú estás aquí, no. —Sus palabras me llegan
altas y claras.
—Eres tú quien se ha marchado —le recuerdo.
—Lo sé.
—¿Y si no hubiera venido? —Ésa es la pregunta clave.
Le doy vueltas a lo mismo una y otra vez. Se comporta
como si fuera
facilísimo y me asegura constantemente que no necesita
beber mientras me
tenga a mí, pero ahora lo encuentro en compañía de una
botella de vodka
porque hemos discutido. Vale, ha sido más que una
discusión pero eso no
es lo importante. No puedo ponerme así cada vez que nos
peleemos. Y
tampoco se me olvida que el vodka no es lo único que le
estaba haciendo
compañía.
—No me la habría bebido. —La aparta.
Me fijo en la botella y veo que está sin abrir, aunque
sigue ahí y algo
hizo que la pusiera ahí... Yo. Yo soy la razón de que se
haya vuelto loco, de
sus exigencias absurdas y de sus pataletas. Es culpa
mía. Lo he convertido
en un controlador neurótico.
Seguimos mirándonos unos instantes. Yo no dejo de
repasar todo lo
que tenemos que aclarar y él se muerde el labio inferior
porque no sabe qué
decirme. Yo tampoco sé por dónde empezar.
—¿Qué hace eso ahí? —insisto.
Se encoge de hombros como si no fuera importante, lo que
me cabrea.
¿Mi temor estaba justificado y ahora espera que me
olvide como si nada
con sus evasivas y su silencio?
—No iba a bebérmela, ______ —repite, un poco molesto.
Me deja de piedra.
—¿Te la beberías si te dejo?
Sus ojos vuelan en busca de los míos y el pánico se
apodera de él.
—¿Vas a dejarme?
—Necesito que me des respuestas. —Lo estoy amenazando,
pero
siento que no tengo otra opción. Hay cosas que tiene que
decirme—. ¿Por
qué está Mikael tan interesado en nuestra relación?
—Su mujer lo ha dejado —se apresura a responder.
—Porque te acostaste con ella.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Hace meses, _____. —Sus ojos son sinceros—. Era la
mujer que se
presentó en el Lusso. Te lo contaré antes de que vuelvas
a amenazar con
dejarme. —Me encanta su sarcasmo.
—No estaba preocupada por ti...
—Puede que sí, pero también me desea.
—¿Y quién no? —digo, sorprendentemente tranquila.
Asiente.
—Se lo dejé muy claro, ______. Volvió a Dinamarca y me
acosté con ella
hace meses. No sé por qué le ha dado por venir detrás de
mí ahora.
Lo creo. Además, Mikael ha estado liado con su divorcio,
así que tuvo
que ser hace mucho. Divorciarse lleva tiempo. Todo
empieza a cobrar
sentido. Así que Mikael es el «nadie en particular» que
va a intentar
apartarme de Tom.
—Quiere apartarte de mí, como hice yo con su mujer.
—Deja caer la
cabeza entre las manos—. Yo no se la robé, ______. Ella
decidió marcharse,
pero sí, lo que él quiere es apartarte de mí.
—Pero erais todos amigos, le compraste el ático del
Lusso. —Me
duele la cabeza.
—Es pura fachada por su parte, ______... No tenía por
dónde pillarme,
nada con lo que pudiera hacerme daño, porque a mí no me
importaba nada
ni nadie. Pero ahora te tengo a ti. —Me mira—. Ahora
sabe dónde clavar el
puñal.
Empiezan a picarme los ojos y lo veo poner cara de
derrota. Ya no
aguanto más estar lejos de él. Me acerco a su silla y me
recibe con los
brazos abiertos. Hago caso omiso de la mano hinchada y
me siento en su
regazo. Lo dejo que me arrope con sus brazos y que
invada todos mis
sentidos. Su tacto y su fragancia me calman al instante
y ocurre lo
inevitable, lo que pasa siempre cuando estamos así: todo
lo que nos causa
tanto malestar de repente carece de importancia. Solos
él y yo, en nuestra
pequeña burbuja de felicidad, apaciguándonos el uno al
otro. El resto del
mundo se interpone en nuestro camino o, para ser
exactos, el pasado de
Tom se interpone en nuestro camino.
—Moriré queriéndote —dice con toda la emoción que sé que
de
verdad siente—. No puedo permitir que vayas a Suecia.
Suspiro.
—Lo sé.
—Y deberías haberme dejado que me ocupara de tus cosas.
No quería
que volvieras a verlo —añade.
Me someto a él.
—Lo sé. Sabe lo tuyo.
Se tensa debajo de mí.
—¿Lo mío?
—Me dijo que eras un alcohólico empedernido.
Se relaja y se echa a reír.
—¿Que soy un alcohólico empedernido?
Lo miro, sorprendida por su reacción ante algo tan duro.
—A mí no me parece divertiro. Además, ¿cómo es que lo
sabe?
—_____, no tengo ni idea, de verdad —suspira—. Además,
está mal
informado porque no soy alcohólico. —Levanta las cejas.
—Lo sé —concedo, pero estoy bastante segura de que el
problema de
Tom con el alcohol encaja como alcoholismo—. ¿Qué voy a
hacer, Tom?
Mikael es un cliente importante.
Un pensamiento muy desagradable se me pasa por la
cabeza.
—¿Volvió a contratarme para la Torre Vida sólo por ti?
Sonríe.
—No, _____. No sabía nada de lo nuestro hasta ayer. Te
contrató porque
eres una diseñadora con talento. El hecho de que seas
tan increíblemente
hermosa era un plus, y el hecho de que yo esté enamorado
de ti ahora es un
incentivo adicional para él.
—Te descubriste tú solo. —Si Tom no hubiera saboteado mi
reunión,
Mikael nunca se habría enterado.
—Actué por impulso. —Se encoge de hombros—. Me entró el
pánico
cuando vi su nombre en tu agenda. Pensé que no ibas a
volver a verlo
después del Lusso. En cualquier caso, él habría ido
detrás de ti aunque no
fueras mía. Como dije, es implacable.
Me acuerdo de sus ojos desorbitados y la mandíbula tensa
cuando vio
el nombre de Mikael en mi agenda. No fue porque la
hubiera cambiado por
una nueva. Fue porque el nombre de Mikael se leía alto y
claro.
—¿Cómo lo sabes? Está casado. Bueno, lo estaba.
—Eso nunca ha sido un obstáculo para él,______.
—¿No? —Yo pensaba que era un buen hombre, un caballero.
Al
parecer, no podía estar más equivocada.
Estoy hecha un lío. No puedo trabajar con Mikael, no
después de lo
que he descubierto. Para empezar, Tom no va a dejar que
me acerque a
menos de un kilómetro de él. La verdad es que tampoco me
apetece tenerlo
cerca. Quiere utilizarme para hacerle daño a Tom. Quiere
vengarse de él y
yo soy su único punto débil. Dios, tengo una reunión con
él el lunes. Esto
se va a poner muy feo. Quiero gritarle a mi hombre hasta
desgañitarme por
ser un picha brava, pero entonces mi mente vaga hacia el
día en que
descubrí lo que de verdad sucedía en La Mansión y aquel
indeseable al que
John tuvo que echar, el que decía que ni los maridos ni
la conciencia se
interponían en el camino de Tom. ¿Cuántos matrimonio
habrá roto?
¿Cuántos maridos sedientos de venganza habrá ahí fuera?
Tom me coge la cara con la mano y me saca de mis
ensoñaciones.
—¿Cómo has venido hasta aquí?
Sonrío.
—Distraje a tu carcelero a sueldo.
Se le ilumina la mirada y le bailan los labios.
—Voy a tener que despedirlo. ¿Cómo lo has hecho?
Mi sonrisa desaparece en cuanto pienso en la factura de
mantenimiento que le va a llegar a Tom.
—Tom, es un sesentón. Desconecté su sistema telefónico
para que no
pudiera avisarte de que me había escapado de tu torre de
marfil.
—De nuestra torre... ¿Cómo lo desconectaste? —inquiere,
y se le
marca ligeramente la arruga de la frente.
Escondo la cara en su pecho.
—Arranqué los cables.
—Ah —dice sin más, pero sé que se está aguantando la
risa.
—¿A qué juegas obligando a un pobre pensionista a
mantenerme
encerrada? —Corro más rápido que Clive hasta con
tacones.
Me acaricia el pelo.
—No quería que te fueras.
—Pues entonces tendrías que haberte quedado.
Le saco la camisa de los pantalones y deslizo las palmas
por debajo.
Necesito mi ración de calor corporal. Él me abraza con
más fuerza y siento
el latir de su corazón bajo las palmas de las manos. Es
muy reconfortante.
—Estaba loco del cabreo. —Me besa en la sien y entierra
la nariz en
mi pelo.
Meneo la cabeza. No me lo puedo creer.
—Señorita, no se atreva a ponerme esa cara —dice, muy
serio.
Que le den.
—¿Qué tal la mano?
—Estaría mejor si no me diera por estamparla contra
todo.
Me libero de su abrazo.
—Déjame ver.
Me siento en su regazo y me la muestra. La cojo con
cuidado. No hace
ningún gesto de dolor, pero lo miro de reojo para
asegurarme de que no
finge.
—Estoy bien.
—Has roto la puerta del ascensor —digo acariciando el
puño
convaleciente. La puerta está hecha añicos y creía que
su mano también iba
a estarlo, pero no la veo tan mal como imaginaba.
—Me he cabreado.
—Eso ya lo has dicho. ¿Y qué hay de tu visita sorpresa a
mi oficina de
esta tarde? ¿También estabas enfadado como un loco? —Tal
vez debería
pasar por alto su pequeña rabieta, especialmente porque
acabo de tener que
echar a una mujer de su despacho.
—Lo estaba. —Me mira con cara de enfado pero luego
sonríe—. Más
o menos igual que tú hace un momento.
—No estaba enfadada, Tom. —Observo su mano lastimada con
la
misma pena que me provoca su relación con la mujer
patética a la que
acabo de echar de su despacho—. Estaba marcando mi
territorio. Te desea,
no podría haberlo dejado más claro ni sentándose a
horcajadas sobre ti y
plantándote las tetas en la cara.
Hago una mueca de asco ante su desesperación, y veo que
su media
sonrisa se ha convertido en una sonrisa de oreja a
oreja, una sonrisa de
Hollywood. Es todavía más espectacular que la que se
reserva sólo para
mujeres. Es la que se reserva sólo para mí. No puedo
evitar sonreír.
—Pareces muy contento contigo mismo.
Retira la mano lastimada.
—Lo estoy. Me encanta cuando te pones posesiva y
protectora.
Significa que estás locamente enamorada de mí.
—Lo estoy, a pesar de que eres imposible. Y te prohíbo
que llames
«cielo» a Sarah. —Me burlo de su tono meloso.
Me da un beso de esquimal y luego me acerca la boca.
—No lo haré.
—Te has acostado con ella. —No es una pregunta.
Retrocede, sus bellos
Ojos cafeces asustados y recelosos. Pongo los ojos en
blanco—. ¿Un
picoteo?
Agacha la cabeza.
—Sí. —Su expresión y su lenguaje corporal dicen a gritos
que no está
cómodo. No le gusta el tema de conversación.
Lo sabía. En fin, puedo vivir con ello siempre y cuando
mantenga a
ese zorrón a un metro de distancia, o más. No obstante,
sé que va a ser
difícil, teniendo en cuenta que la mujer trabaja para él
y lo sigue a todas
partes como un perrito faldero.
—Sólo quiero decir una cosa —insisto. Necesito dejarlo
claro si es
que voy a socializar y a trabajar con hombres en el
futuro, aunque soy
consciente de que la vena posesiva de Tom nunca va a
desaparecer del
todo—. Sólo tengo ojos para ti —digo, y lo beso en la
boca para enfatizar
mi declaración.
—Sólo para mí —susurra contra mis labios.
Sonrío.
Se aparta y me acaricia el cuello, satisfecho.
—¿Por qué llevas el pelo mojado?
—Me duché pero no tuve tiempo de secármelo. Te
necesitaba.
Me sonríe.
—Te quiero, _____.
Apoyo la cabeza en su hombro.
—Lo sé.
No hemos dejado las cosas claras del todo. Tengo que
competir con
una mujer despechada y lidiar con la vena posesiva de Tom.
Esto último
va a ser un trabajo de por vida. Además, está el
problemón de Mikael y sus
ansias de venganza. No sé cómo vamos a solucionarlo,
pero sé que no voy
a trabajar más para él. ¿Cómo se lo tomará Patrick?
—Cógete el día libre mañana —me suplica.
Ni siquiera le he comentado a Patrick que mañana tengo
una reunión
con el señor Kaulitz, pero necesito descansar, y un fin
de semana largo con
Tom es difícil de rechazar. No tengo más citas y llevo
todo lo demás al
día. Patrick me debe unos cuantos días libres. No le va
a importar.
Me aparto para mirarlo.
—Vale.
Frunce el ceño como si me fuera a retractar de lo que
acabo de decir o
a añadir un «pero». Para nada. Quiero tomarme el día
libre y pasarlo con
él. Tal vez pueda darle toda la seguridad que necesita.
No voy a ir a
ninguna parte si no es con él. Le mandaré un mensaje a
Patrick, sé que no
se enfadará.
—¿En serio? —Le brillan los ojos y está sonriente—.
Estás siendo
muy razonable. No es propio de ti.
Parpadeo ante ese comentario. Sé que sabe que él es el
poco
razonable. Está bromeando pero no pico.
—Pues ya no te ajunto —gruño.
—No por mucho tiempo. Voy a llevarte a nuestra torre de
marfil. Ya
hace demasiado que no estoy dentro de ti. —Se levanta y
me pone de pie
—. ¿Nos vamos?
Me ofrece el brazo y lo acepto. Tengo mariposas en el
estómago
porque sé lo que me espera en casa.
—Me apetece remar un poco —dejo caer.
Me levanta una ceja sardónica.
—Otro día, nena. Hoy quiero hacerte el amor —dice con
dulzura
mirándome a los ojos. Sonrío.
Me lleva por el salón de verano en dirección a la
entrada. Ignoro las
caras de decepción de todas las mujeres que dejamos
atrás y que esperaban
que nos marcháramos cada uno por su lado. John nos
espera en la puerta y
me dirige su sonrisa característica.
—Nos vemos mañana —le dice Tom mientras abre para que yo
pase.
—Todo bien. —John le da a Tom una palmada en el hombro y
desaparece en dirección al bar.
Tom me pone la mano en la cintura y, al volverme, veo a
Sarah en la
entrada del bar. Saluda a John pero no me quita ojo de
encima mientras
salgo de La Mansión con Tom. Sus ojos y sus morros
destilan amargura.
Me huelo que acabaremos a bolsazos. Parece la clase de
mujer que
consigue lo que quiere. Me saca mi lado cabrón y, en
silencio, la reto a
intentarlo con una mirada de advertencia. No hago caso
de la pequeña parte
de mi cerebro que me dice que me estoy preparando para
aplastarla. Se me
están pegando las costumbres de mi señor neurótico.
—Deja aquí tu coche, lo recogeremos mañana —dice al
abrirme la
puerta de su Aston Martin.
—Prefiero llevármelo ahora. —Estoy aquí, y sería una
tontería no
hacerlo.
Pone mala cara y señala el asiento del acompañante del
suyo. Niego
con la cabeza pero me subo. Ya hemos discutido
suficiente por hoy.
Además, no necesito el coche. Se sienta a mi lado y
arranca el motor.
Por el largo camino de grava nos cruzamos con el coche
de Georg, que
va hacia La Mansión. Doy un brinco.
—¡Pero si es Kate!
Georg toca la bocina y le muestra una mano con el pulgar
levantado a
Tom. Asomo la cabeza por la ventanilla y Kate me saluda
de mala gana.
—¿Qué hace Kate aquí? —pregunto mirando a Tom, que tiene
la
vista fija en la carretera. ¡Ay, Dios!—. Es socia,
¿verdad? —inquiero.
—No puedo hablar de los socios. Confidencialidad —dice
él,
completamente inexpresivo.
—Entonces es que es socia... —Me estremezco. Esto es
increíble.
Se encoge de hombros, aprieta un botón y las puertas se
abren. ¡La
muy zorra! ¿Por qué no me ha dicho nada? ¿Le gusta por
todas las
perversiones en general o es sólo por Georg? Y yo que
pensaba que mi feroz
pelirroja no podría sorprenderme más. Tiene mucho que
contarme.
Tom ruge por la carretera y juguetea con un par de
botones del
volante. Una voz masculina me envuelve desde el estéreo.
La conozco.
—¿Quién es?
Marca el ritmo con los dedos sobre el volante.
—John Legend. ¿Te gusta?
Mucho. Llevo la mano al volante y Tom baja las suyas
para darme
acceso a los mandos. Encuentro el que quiero y subo aún
más el volumen.
—Me tomaré eso como un «sí» —sonríe, y me pone la mano
en la
rodilla. La cubro con la mía.
—Me gusta. ¿Qué tal la mano?
—Bien. Deja de preocuparte, señorita.
—Tengo que mandarle un mensaje a Patrick.
—Hazlo. Me muero por tenerte sólo para mí todo el día y
todo el fin
de semana. —La mano sobre mi rodilla vuelve al volante.
Le mando un mensaje rápido a mi jefe, que, tal y como
esperaba,
responde al instante diciéndome que disfrute de mi
merecido día libre.
Perfecto.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL SIG Caps ... BUENO 4 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS Y QUE ESTEN BIEN ... DISFRUTEN :))
Sigueeee
ResponderBorrarSigueeee
ResponderBorrarMe encantooo virgi y lo sabia Tom se acostó con la estúpida de Sarah, espero los próximos caps!!!
ResponderBorrarSube!!!
ResponderBorrarSubeeee!!!
ResponderBorrarAmo la adaptación!
ResponderBorrarSubeee porfaaaa!! :)